Inclusión más allá del diagnóstico: historias de familias desde el 2do Congreso CAID

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Santo Domingo, R.D.– Para Karina Rodríguez el nacimiento de su hijo Diego marcó un antes y un después en su vida y en la de toda su familia. Lo que comenzó como una etapa de grandes emociones e incertidumbre, con el tiempo se transformó en una oportunidad para fortalecerse y aprender a mirar el mundo con mayor sensibilidad.

Hoy, Karina y su esposo se definen desde un amor renovado, uno que les ha permitido acompañar a su hijo con esperanza. “El diagnóstico no fue el final, fue el comienzo”, afirma.

Historias como la suya reflejan el eje central del 2do Congreso del Centro de Atención Integral para la Discapacidad (CAID), titulado “Inclusión: más allá del diagnóstico”, un espacio de formación e intercambio que reúne a especialistas, familias y profesionales para reflexionar sobre los avances, desafíos y oportunidades en la atención integral a personas con discapacidad en la República Dominicana.

Karina cuenta que mientras su hijo diagnosticado con autismo avanza en su proceso, ella también ha crecido. A través de talleres y capacitaciones, se ha preparado para acompañarlo de la mejor manera.

“Esta oportunidad de participar en el congreso ha sido una bendición y una herramienta que me permitirá seguir avanzando y conociendo más a mi hijo”, expresó.

Durante el evento, la psicoterapeuta familiar del CAID Rosely Rojas invitó a la reflexión con una pregunta directa: “¿Cómo se sentirían si, en lugar de por sus nombres los llamaran por etiquetas?”

A partir de esta premisa, compartió el testimonio de “Pedro”, un niño que cuestionó a su madre con una frase: “¿Mamá, acaso yo soy un error que necesitas arreglar?”.

La especialista explicó que, en ocasiones, el afán por buscar todas las terapias y alternativas posibles puede transmitir un mensaje equivocado. “Muchas personas con discapacidad sienten que son amadas con etiquetas. Debemos entender que la persona no es la condición”, subrayó.

Sus palabras generaron una profunda reflexión entre los asistentes, especialmente sobre la forma en que la sociedad percibe y trata a las personas con discapacidad.

Hablar de inclusión, coincidieron varios expertos, implica ir más allá de identificar una condición. Se trata de generar apoyos reales que permitan a cada persona desarrollarse plenamente en su entorno.

En esa línea, el congreso abordó temas clave como la calidad de vida y su impacto en la evaluación y planificación de servicios de apoyo; la dinámica familiar; y la intervención de conductas desde enfoques positivos, todos fundamentales para garantizar procesos más humanos y efectivos.

El expositor internacional, doctor José Luis Cuesta, enfatizó que la inclusión comienza cuando se reconoce a la persona en su totalidad. “Todas las personas con autismo tienen posibilidades de avance y desarrollo a lo largo de toda su vida”, afirmó.

Asimismo, alertó sobre los altos niveles de soledad que enfrentan muchas personas con discapacidad, quienes a menudo se sienten excluidas, incluso dentro de sus propios entornos familiares.

El congreso ha contado con una amplia participación de madres y padres de niños con condiciones como autismo, síndrome de Down y parálisis cerebral, entre otras.

Para Vianna Soriano, madre de un niño con autismo, la experiencia ha sido transformadora: “Participar en este congreso me ha dado una visión más amplia de cómo cuidar a mi hijo Ethan y de cómo involucrar a toda mi familia en el proceso”.

Desde el ámbito profesional, especialistas coincidieron en que uno de los mayores retos sigue siendo cambiar la percepción social sobre la discapacidad. “La inclusión no es solo integrar a una persona en la escuela o en la sociedad; es garantizar que tenga las herramientas necesarias para participar activamente y en igualdad de condiciones”, señaló la expositora Laura Pérez.

El evento también ha servido como plataforma para resaltar la importancia del trabajo articulado entre instituciones y familias, promoviendo una atención más integral y sostenible en el tiempo.

En la República Dominicana, donde en los últimos años se han registrado avances en materia de políticas públicas y servicios especializados, iniciativas como este congreso fortalecen la construcción de una sociedad más empática e inclusiva.

Para Karina, Vianna y muchas otras familias presentes, el mensaje es claro: el diagnóstico no define los límites, sino que abre la puerta a nuevas posibilidades. “Hoy entendemos que la inclusión es un proceso y que, con el apoyo adecuado, nuestros hijos pueden lograr mucho más de lo que imaginamos”.