
Durante el Congreso CAID “Inclusión, más allá del diagnóstico”, una de las ponencias que generó mayor reflexión entre los asistentes fue “La persona no es la condición”, impartida por la psicóloga clínica y terapeuta Rosely Rojas.
Rojas abordó una realidad que aún persiste en la sociedad: la tendencia a definir a las personas por una condición de salud, discapacidad o diagnóstico, dejando en segundo plano su identidad, capacidades, sueños y potencial.
Esta práctica suele darse en los entornos más cercanos, incluyendo el hogar, donde niños y niñas pueden crecer rodeados de etiquetas que, lejos de ayudarles, terminan marcando su desarrollo emocional y la forma en que se perciben a sí mismos.

Como parte de su intervención, la especialista invitó al público a reflexionar con una pregunta sencilla, pero profunda: “¿Qué pasaría si ustedes fueran vistos únicamente por su condición de salud y no por quienes son como personas?”. Esto llevó a los asistentes a cuestionar cómo los prejuicios y las etiquetas pueden limitar la manera en que valoramos a los demás.
Rojas también advirtió sobre los riesgos de centrar todos los esfuerzos únicamente en “corregir” una condición, sin tomar en cuenta la individualidad de cada individuo.
“Cuando la búsqueda de mejoras expone a intervenciones innecesarias, se prueban medicamentos, métodos y estrategias sin respetar la individualidad del niño. Este siente que es un ‘caso de estudio’ más que una persona con sueños. Cada niño merece atención única y digna, no ser tratado como experimento”, expresó.
Asimismo, destacó que el silencio o la ocultación de un diagnóstico por parte de algunas familias, aunque muchas veces surge como una forma de protección, puede generar consecuencias emocionales importantes en los niños y niñas. Entre ellas mencionó la confusión sobre su identidad, dificultades para reconocerse y aceptarse, sentimientos de engaño y una posible pérdida de confianza en quienes les rodean.

Hacia el final de su conferencia, la terapeuta dejó una reflexión que resonó entre los presentes: “¿Qué etiqueta, excusa o secreto hemos sostenido que hoy necesitamos transformar en una oportunidad de dignidad?”
El mensaje central de la ponencia fue una invitación a reconocer a cada persona más allá de cualquier diagnóstico, entendiendo que ninguna condición define quién es alguien. La inclusión comienza cuando dejamos de ver etiquetas y empezamos a reconocer la dignidad, la individualidad y el valor inherente de cada ser humano.
Esta reflexión se alinea con el propósito del congreso CAID de promover una sociedad más empática, respetuosa e inclusiva, donde las personas sean reconocidas por quienes son y no por una condición que forma parte de su vida, pero que no la define.


